sábado, 26 de enero de 2013

Solidario... pero sólo en mi casa.

Hasta el gorro de los estados nación. Llevamos 2,5 millones de años pisando la tierra, mezclándonos unos con otros, amándonos y matándonos por partes iguales. Y me parece que en estos tiempos, resurge con cierta fuerza uno de los caballos de batalla del narcisismo cultural y linguístico, del conservadurismo burgués, y de la insolidaridad económica: la filosofía del "Yo-en-mi-estado-nación". Las zonas que ganan más solas abogan por ese modelo aduciendo a razones históricas, identidades culturales, y/o intereses económicos. Las que pierden, por la integración (cada uno tira hacia lo que le conviene, cómo no). El caso es que a todos se les olvida que sólo puede haber un único protagonista en esta función: EL INDIVIDUO. Y que sus derechos son universales e inalienables por ningún ente económico, nacional o cultural. Me resulta inconcebible luchar por ellos sólo para unos grupos de personas, y no para otros. Si crees en el derecho a la libertad y al estado de bienestar, tendrás que defenderlo (y lucharlo) para ti y para todos: tu vecino, el que vive en Londres, en Adís Abeba o en la Patagonia; el negro, el blanco, el cristiano, el musulmán, el hombre, la mujer; el alto, el bajo, el de los granos, el calvo, el del bisoñé... con las implicaciones que tenga (por ejemplo, que tú mismo seas menos rico). Defender los derechos universales y, a su vez mirar para otro lado sin mojarse en lo que pasa más allá de tú portal es, para mi, pura hipocresía burguesa.



http://internacional.elpais.com/internacional/2013/01/25/actualidad/1359145362_724073.html

CMA

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